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A veces se torna difícil el camino que hemos elegido para recorrer, a veces recorrer este camino es duro y no encontramos quien nos ayude. En realidad, debemos comprender que quien nos ayuda esta dentro nuestro. Mirar para adentro, mirarnos en el espejo que no se ve, que no conocemos en su totalidad, nos puede dar respuestas que nos dejarían pasmados de su sencillez.
La cualidad que nos enseña, no es más que aquella que se dedica a armonizar nuestras vidas, aquella que hace un equilibrio entre los más gratos momentos que nuestra vida nos depara, pero que también comprende eso malos e ingratos momentos. La suma de ambas cosas (buenos y malos momentos) es la vida misma. Cuando el ocaso a cubierto de nieve nuestra conciencia y el balance nos ocupe nuestro tiempo, el recuerdo de lo buenos momentos nos hará recordar la vida como un paso agradable, como un escalan no tan malo en nuestra evolución.
Mientras tanto hay que vivir (nunca sobrevivir) y una manera que me a resultado de mucha ayuda a mi es la meditación. Quizá una cosa muy simple, pero que es muy compleja y que ayuda a desandar el camino. Ese es el punto: el camino. Lo fundamental es andar; cuantas veces nos sucede que al lograr un objetivo que tanto ansiábamos nos hundimos en un vacío que cuesta volver llenar. Hay que disfrutar de ese hacer, de ese andar, mientras uno esta en marcha se equivoca y corrige los errores, mientras jamás pierde de vista el horizonte. El Baghavad Ghita, en la edición de Ghandi ("El Baghavad-Guita de acuerdo a Ghandi" Ed. Kier, 1991, Bs. As. 9º edición) dice:
"Solamente la acción es tu obligación, jamás los frutos de ella; que el fruto de la acción no sea tu objetivo, pues no debes evitar la acción misma".
Para esto también debemos conocer nuestro intimo deber en esta vida. Cómo conocerlo, con la ya nombrada meditación. Todos tenemos un objetivo ya ordenado antes de nacer, todos tenemos algo que purgar, algo que limpiar. La vida nos da la oportunidad de avanzar, de corregir y de activar ese mundo que es invisible a los ojos.
Hay muchas opciones y técnicas para meditar, desde las más tradiciones proveniente del yoga hasta otras más libres, pero que en realidad son todas fruto del mismo árbol. En esta oportunidad hablaré de la que siempre uso yo, que es ni más ni menos que dejarme llevar por una catarata indescriptible de sensaciones y símbolos, todos ellos dispuestos a ser interpretados.
Lo que he aprendido es: ubicar un momento en el día donde se pueda oír el silencio, donde la respiración no pueda contaminarse. Generalmente yo lo haga a la medianoche, momentos antes de entregarme al sueño. Aunque lo ideal es por la mañana antes de salir a la vida, aproximadamente a las 5 a.m. que es el momento el que el cuerpo se encuentra relajado, sin la contaminación del día, y que permite desprendernos de nosotros mismo hacia una inmensidad desconocida.
Martin Colotta reikiart@gmail.com
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